Para las fiestas de Navidad y Año nuevo, en todos los barrios,
siempre hubo algún vecino dispuesto a sacar a la calle, según
pasaron los años, su vitrola, tocadisco, combinado, centro musical, minicomponente o equipo de música en general y así amenizar junto a familiares, amigos y vecinos estas noches de tradicionales festejos con un baile improvisado al que todos tenían el acceso libre, sin ningún tipo de discriminación, derecho de admisión ni necesidad de vestir de elegante sport.
Solo bastaba que alguna pareja abriera la pista al compás de algún ritmo de moda para que todos comenzaran a bailar y así se iba sumando la gente que llegaba a saludar, bailaban un poco y seguían camino y llegaban otros, hasta que no quedara nadie o hasta que el improvisado D'J se cansara, guardara el equipo de música y se fuera a dormir.
A mediados de los 70, las calles Derqui y Roque Perez fueron sede de algunos de estos populares bailes, seguramente porque en las inmediaciones vivían o se juntaban algunas de las chicas mas jóvenes y bonitas del barrio, lo que atraía sin duda a su contra parte masculina.
El último baile importantes realizado en la zona fue frente al taller de Bermejo.
Los motivos que ayudaron a que el baile tuviera éxito fueron entre otros, una gran cantidad de discos y un equipo de música potente que por un lado atraía a los jóvenes que adoran escuchar la música a todo volumen y por el otro espantaba a los vecinos que tras un par de horas de bullicio, comienzan a maldecir el ruidoso evento y no quieren saber nada con repetir la experiencia, obligando a los organizadores a desistir de su idea de repetir el baile o cambiar la sede del mismo, y así fue como en la Navidad de 1977 los bailes llegaron a la calle Terrada entre Derqui y Pampa, mas precisamente a la puerta del negocio de Pingo (por estar sus hijos involucrados en la organización).
Ese primer baile fue un completo fracaso, al punto que no se llegaron a reunir ni siquiera los diez o quince amigos que siempre estaban juntos, así que a mas tardar a la una de la mañana guardaron los equipos y se fueron a bailar a otro lado. Al año siguiente redoblaron la apuesta, pusieron luces en los arboles y lograron para Navidad el primer baile exitoso, duplicando casi la cantidad de asistentes en año nuevo. Sin embargo había algunos detalles que tener en cuenta para que el baile, además de ser concurrido mantuviera la concurrencia. El primer paso fue invitar a los asistentes, (anunciando por los parlantes) a volver a juntarse en la Navidad siguiente. Después fue fundamental contar con la aprobación de los vecinos, la familia Martorelli y la familia Moreira que no solo aprobó la realización de los bailes sino que también permitía que se colocaran bafles y se instalara en su balcón, las sogas a través de las cuales se desplegó un nuevo sistema de luces que paso a ubicarse en el medio de la calle. Así se mejoro el sistema de audio y el de iluminación, al que se le reforzaban los efectos cubriendo con unas cajas de cartón las luces del alumbrado público que iluminaban la cuadra.
El armado de las luces y el equipo de sonido que llevaba varias horas comenzaba a realizarse entre las cuatro y las cinco de la tarde, haciéndose las pruebas generales ni bien caía la noche. Durante estas horas la gente que transitaba por la calle se enteraba que a la noche los bailes se repetían. A partir de las 12,30 hs. La música comenzaba a sonar y de a poco la gente iba llegando al baile (Incluso con lluvia). Cuando ya se contaba con una cantidad tan importante de gente que la calle quedaba cortada, al igual que en los boliches (Discos) de la época, se largaba oficialmente el baile con un compilado de fragmentos de temas armado especialmente para cada fiesta, dando la bienvenida a todos los presentes a lo que llamaban “La discoteca al aire libre más imponente de Buenos Aires". Durante el transcurso de la noche se invitaba a la gente a volver, en Navidad para Año Nuevo y en Año Nuevo para las fiestas siguientes.
Terminado el baile, entre las 7 y las 8 hs. De la mañana, además de desarmar y guardar los equipos, había que barrer la cuadra y juntar las botellas que quedaban tiradas en la calle. Con el correr de los años, al grupo de organizadores se les sumaba en la tarea algún botellero que aprovechaba para ganarse el día.
Durante los primeros años, la mayoría de los asistentes eran todos conocidos del barrio y solo hubo algunos pocos inconvenientes que terminaron a las piñas. Con el tiempo la cantidad de gente fue aumentando y con la llegada de la democracia también se fue liberando, ya no solo era alcohol lo que se consumía y en algunas oportunidades se armaron algunas riñas mas importantes con corridas para un lado o para el otro y después de un par de piñas por acá y por allá volvía la calma y seguían bailando.
Aquellos cientos de amigos y vecinos que comenzaron a juntarse a finales de los setenta superaban las mil quinientas personas una década después, tal como se puede ver en los videos grabados en las fiestas de 1987/88. La fama que los bailes alcanzaron atraía gente de otros barrios.
Si bien los vecinos de la cuadra seguían dando su apoyo a la realización de los bailes la magnitud de los mismos traía complicaciones con los vecinos de los alrededores, o por el ruido, o porque usaban el frente de alguna casa de baño, o porque se paraban las parejas a hacer sus cosas en las veredas oscuras, las quejas se hacían sentir. Se dice que una vecina que intento parar un baile quejándose a los gritos y amenazando con denunciar a los organizadores, volvió a su casa abucheada por los presentes y llamo a la comisaría, (donde también los bailes eran conocidos) y ante la queja, el oficial de guardia le contesto: “¿Señora usted nunca fue joven?, déjelos que se diviertan”.
Así como había algunos vecinos molestos con los bailes, había también otros que estaban incluso dispuestos a dar una mano si era necesario para que los bailes se realizaran, y así como hubo algunos que se agarraron a piñas, también se formaron muchas parejas y fue un lugar ideal de reunión para muchos jóvenes que no tenían un medio de movilidad para salir a bailar a otro lado en esas noches en las que no hay colectivos, remises ni taxis para movilizarse.
Entrados los noventa el país había cambiado, las crisis políticas y económicas se agudizaban y junto con la inflación y el desempleo aumentaba también la violencia. El primero de enero de 1991el clima estaba realmente pesado, ya se habían sucedido algunas pequeñas trifulcas y cuando ya estaba por amanecer, una pelea entre varios de los asistentes provocó una gran corrida de la gente y para evitar males mayores se corto la música y se dio por terminado el baile. Mientras se desarmaban los equipos y se limpiaba la calle llegaron las primeras noticias de que un vecino de la otra cuadra había recibido varias heridas de arma blanca y que había sido hospitalizado. Si bien las heridas resultaron no ser de tanta gravedad, este hecho fue el que puso fin a mas de una década de los bailes de la calle más populares de los que se tenga memoria.
Durante años, muchos de aquellos vecinos que habían disfrutado de estas fiestas siguieron preguntando año tras año si los bailes se volvían a hacer o no, e insistiendo para que así fuera.
Para eso sería necesario volver a juntar un equipo de gente como Angel “Pachuli”, Alberto “Carozo”, Abel, Carlitos Nicoleta, Daniel, Daniel Bagnasco Eduardo “Piñon Fijo”, Eduardo “Tortuga”, Hector, Hugo “Piturro”, Roberto “Toto”, Sergio “El Muerto” y otros ocasionales colaboradores que bajo el nombre de Promociones Musicales Iron trabajaron mucho año tras año para que eso fuera posible.
Tal vez algún día, cuando aprendamos a separar las cosas y disfrutar de cada evento como lo que realmente es y no un lugar para desatar la furia contenida, no solo vuelvan los grandes bailes de la calle sino que también podremos ir a ver un partido de fútbol, un recital o cualquier acto popular sin miedo a salir herido lastimado o muerto.